COMPARTIR

Massoud Pezeshkian ha devuelto a los reformistas a la presidencia de Irán con un mensaje de moderación y ahora tiene por delante un «difícil» camino frente a un Parlamento conservador y unos poderes establecidos que le dificultarán cumplir con sus promesas electorales.

Analistas consultados por EFE prevén incluso «choques» con organismos conservadores del Estado que tratarán de impedir que se relaje la política de imposición del velo, por citar una de las promesas de Pezeshkian.

También se ha comprometido a mejorar las relaciones con Occidente y revivir el acuerdo nuclear, puntos que lo distancian de su predecesor, el fallecido Ebrahim Raisí.

El propio Pezeshkian ya ha advertido que le espera un «difícil camino» y ha pedido al pueblo iraní que «no le deje solo», en uno sus primeros mensajes tras el anuncio de su victoria ante el ultraconservador Saeed Jalili.

También afirmó que espera que le «ayude» el Parlamento, dominado por conservadores y ultraconservadores tras las elecciones legislativas de marzo, en las que el Consejo de los Guardianes vetó a numerosos candidatos reformistas.

El presidente iraní tiene capacidad de decisión en cuestiones nacionales y en menor medida en política exterior y de seguridad en Irán, donde el líder supremo, Ali Jameneí, cuenta con vastos poderes.

Pezeshkian no es un opositor y se ha declarado leal al líder en numerosas ocasiones durante la campaña electoral.

Un Parlamento conservador

El primer escolló será la aprobación de sus ministros en el conservador Parlamento y aquí ya ha dado un paso atrás.

Durante la campaña el cirujano de 69 años afirmó que su ministro de Exteriores sería Mohammad Javad Zarif, quien ocupó el cargo con el expresidente Hasan Rohaní (2013-2021) y fue uno de los artífices del acuerdo nuclear de 2015.

Zarif tiene un estatus de estrella del rock entre moderados, pero los conservadores tienen una opinión completamente opuesta y no es probable que tenga el voto de confianza del Parlamento.

Ahora se especula con Abbas Araghchi como jefe de la diplomacia y que Zarif sea nombrado asesor de Pezeshkian para evitar un choque con el Parlamento.

El velo

Uno de los temas más candentes ahora en el país es el velo, que representa el mayor choque cultural entre la República Islámica y parte de la población, especialmente desde la muerte de Mahsa Amini en 2022 tras ser detenida por no llevar bien puesto el hiyab.

Tras el aplastamiento de las protestas que desató su muerte, el Gobierno de Raisí sacó de nuevo a la llamada Policía de la moral a las calles, convertidas en «un campo de batalla contra las mujeres», según activistas.

Pezeshkian ha dicho que retirará a la llamada Policía de la moral de las calles del país, lo que podría provocar choques con grupos ultraconservadores e incluso ramas gubernamentales.

«Si el gobierno reformista trata de aplicar políticas como retirar las furgonetas de Policía de la moral va a haber otros organismos conservadores del Estado que van a intentar tomar ellos la iniciativa», dice a EFE Raffaele Mauriello, experto en Irán y profesor en la Universidad Allame Tabatabaí de Teherán.

El experto prevé «choques en las calles» entre el Gobierno y grupos ultraconservadores, como Paidari, el partido más conservador y cercanos a departamentos de las fuerzas de seguridad y a la milicia de los basiji.

Por ello, Mauriello se pregunta si Pezeshkian «tiene el coraje de quitar las furgonetas del velo».

Occidente

Donde no cree que le falte «coraje» será en tratar de acercarse a Occidente, otra de sus promesas.

«Pezeshkian va a intentar seguro abrir un diálogo con Occidente sobre la cuestión nuclear, poniendo más cosas en la mesa que el anterior Gobierno», explica Mauriello.

Pero matiza que estás políticas se deciden en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, que preside el mandatario, pero donde hay otras figuras como representantes de Jameneí y de la Guardia Revolucionaria.

También apunta a la situación en Europa y a Estados Unidos, donde podría volver a la presidencia Donald Trump, quien sacó a Washington del acuerdo nuclear en 2018 y reimpuso sanciones económicas a Teherán.

«El problema de Irán y Estados Unidos es que nunca coinciden, solo una ocasión que coincidieron brevemente moderados con (el expresidente) Obama y se firmó el acuerdo nuclear», dice el experto.

Importa quién preside Irán, pero también quién lo hace en las capitales europeas y Washington.

Agencia EFE