En una operación de alta precisión ejecutada en aguas internacionales, fuerzas navales de los Estados Unidos interceptaron este jueves al buque petrolero «Verónica», vinculado a la red de transporte de crudo de Venezuela. Esta acción marca la sexta incautación de gran envergadura desde que Washington intensificara la Operación Lanza del Sur (Operation Southern Spear) tras la captura de Nicolás Maduro a principios de mes.
El operativo fue coordinado por el Comando Sur de EE.UU. (SOUTHCOM) y ejecutado por unidades de élite de la Guardia Costera. El buque, que navegaba con una bandera de conveniencia tras haber pertenecido a registros rusos, fue abordado desde el aire por helicópteros que partieron del portaaviones USS Gerald R. Ford. Según fuentes militares, la tripulación no opuso resistencia y la embarcación está siendo escoltada hacia un puerto estadounidense para su procesamiento legal.
El control del crudo como estrategia política
La incautación del «Verónica» no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de «asfixia total» sobre los activos remanentes del anterior gobierno venezolano. La Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, validó la operación afirmando que «todo buque que opere fuera de la legalidad internacional y en apoyo a estructuras criminales será detenido».
Este movimiento refuerza la posición del presidente Donald Trump, quien ha dejado claro que el petróleo venezolano está bajo una «cuarentena» estricta. Hasta la fecha, los buques Olina, Sophia y Marinera también han sido puestos bajo custodia estadounidense en las últimas dos semanas.
Mientras el Comando Sur mantiene el cerco marítimo, el Departamento de Guerra confirmó que ya se están monetizando los cargamentos confiscados. Una venta reciente de crudo incautado generó 500 millones de dólares, fondos que, según la Casa Blanca, se mantendrán en custodia para la futura reconstrucción del país bajo el nuevo gobierno interino.
