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Con el nombre de “Muestrario de los errores más frecuentes”, entre el 15 de
noviembre y 27 de diciembre de 2025 escribí siete artículos contentivos de los
casos que considero los más notorios y causantes de equívocos, tanto en las redes
sociales, como en el habla cotidiana. Me complace saber que fueron aprovechados
por muchas personas, lo cual les ha permitido disipar dudas y adquirir soltura para
escribir bien y hablar de mejor manera. Esa es la finalidad de este trabajo de
divulgación periodística y, por eso, una vez más siento la satisfacción del deber
cumplido.
Hice la salvedad de que, aunque existen más, los que mostré son los que se han
vuelto casi indesarraigables, y aunque a veces sea como nadar contra la corriente,
nunca estará demás escribir para que algo quede, tal como lo sugería el periodista y
humorista venezolano Francisco “Kotepa” Delgado, en el suplemento Séptimo Día,
del diario El Nacional.
Antes de esta ha habido dos entregas, que también han sido provechosas, como
el caso de “el hoy occiso”, que se ha convertido en una especie de comodín al que
muy frecuentemente apela la mayoría de los redactores de sucesos de Venezuela,
para describir casos de personas que deciden poner fin a su existencia, con el uso
de mecate u otro material que hayan utilizado como cuerda.
Pero como no todo puede ni debe ser malo, es justo y necesario señalar que
varios diaristas de este país se han dado cuenta de que habían estado utilizando mal
la referida frase, y por eso ya no es tan repetitiva. Decir “el hoy occiso”, per se no
constituye un error; solo que su utilización es muy seguida y con significado
diferente del que registran los diccionarios y los textos de Medicina Legal y de
Derecho.
A pesar de los recursos con los que hoy se cuenta para aclarar dudas
gramaticales y lingüísticas, hay quienes siguen utilizando palabras y frases que no
corresponden con el uso que debe dárseles. En la redacción de sucesos y en otros
ámbitos son frecuentes fases como por ejemplo: “Fulano de tal, titular de la cédula
de identidad número V-1.234. 567”. De esa manera no es un número, sino un
alfanumérico. La solución sería omitir la palabra número, y asunto arreglado. Del
mismo tenor es el tema de los extranjeros, transeúntes o residentes, con relación a

su documento de identidad, a los que erróneamente se les llama titulares. Ellos son
portadores; los titulares son los que han nacido en este país. Pareciera una
nimiedad; pero para llamar las cosas por su nombre, es necesario saber la
diferencia.
En cuanto a los alquileres, embargos, ventas u otras acciones relacionadas con
el ramo, se leen y se oyen frases como: “Los bienes inmuebles están ubicados…”,
lo cual es algo inadecuado, dado que en el lenguaje del Derecho Mercantil, estos
(los inmuebles) están situados; en tanto que los muebles, ubicados. Es otra sutil
diferencia, que conviene conocer para no incurrir en error.
¿Por qué se insiste en escribir: “el día 5 de agosto de 1995”, cuando en realidad
esa es una fecha y no un día, tomando en cuenta que los días son de lunes a
viernes, y las fechas del 1° al 30-31 de cada mes? ¿Por qué decir Estados Unidos
de Norteamérica, si el nombre correcto es Estados Unidos de América y, además,
en Norteamérica existe otro país cuyo nombre oficial es Estados Unidos
Mexicanos? ¿Por qué llamar americanos a los ciudadanos de Estados Unidos de
América, si americanos somos todos los que hemos nacido en el continente
americano? ¡Ellos son estadounidenses, no se les olvide!
Son vicios de lenguaje arraigados por mucho tiempo, que solo serán
minimizados en la medida en que se tome en cuenta la importancia de escribir y de
hablar con claridad y precisión, sobre todo si se hace para el público.
Agradecimiento
Hace pocos días recibí la cordial invitación del Colegio Nacional de Periodistas
seccional Cojedes, en la persona de la licenciada Pilar Guerra, para dictar un taller
sobre los términos correctos en una nota periodística de sucesos, que tendrá lugar
el día jueves 26 de febrero de este año. Será un placer y un honor estar en ese lugar
para compartir con colegas y futuros colegas, con el ferviente deseo de que puedan
aclarar dudas y deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen el lenguaje escrito y
oral. ¡Dios mediante, allá nos veremos!