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Quiero comenzar este artículo invocando el Don más sublime de los venezolanos: El Amor Puro que viene de Dios, santificando nuestra nación en el Misterio del Santísimo Sacramento del Altar, Consagración que la sella como  nación elegida en el Real Sacerdocio de Melquisedec, con una genealogía de fe que nos une a 4000 años de historia entretejiendo las bases espirituales y culturales del pueblo venezolano, en ese Sacerdocio Real de Cristo Jesús, Sacerdote Eterno. De acuerdo a la Fe, Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar no sólo revela el amor de Dios, sino que se entrega como el amor mismo, manifestando la máxima expresión del amor divino: se da completamente (cuerpo, sangre, alma y divinidad) para unirse a nosotros, nutriéndonos y transformándonos, siendo el sacrificio de amor supremo que culmina en el Calvario y se perpetúa en la Eucaristía. Es un amor que es a la vez donación y alimento, un intercambio de amor en silencio donde Dios se hace presente para que seamos uno con Él, un acto de entrega total que nos invita a una entrega similar. 

Jesús en el Santísimo Sacramento no solo revela su amor sino que se entrega como refugio, paz y esperanza, siendo el centro de la oración y la Consagración Nacional de Venezuela, donde el pueblo clama por su misericordia, pide fortaleza para levantarse y renovar la fe, ofreciendo el sacrificio y la Adoración Eucarística como camino para construir una nación arraigada en la caridad y la justicia divina frente al sufrimiento y la opresión. La Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento en 1899, por Monseñor Juan Bautista Castro  convierte a Jesús Eucaristía en Rey  y centro de la Nación. Un acto que se renueva constantemente, especialmente en tiempos difíciles, como un pacto de amor y esperanza. En este tiempo, Jesus Sacramentado es el Don Supremo ante la guerra, la pobreza y el dolor. La Iglesia y los fieles ven en la Eucaristía el único refugio, pidiendo a Jesús Sacramentado que les dé paz, levante al oprimido y los fortalezca para ser instrumentos de reconciliación. La presencia real de Cristo en la Hostia Consagrada es vista como un Don total, un amor que se entrega sin reservas, llamando a los venezolanos a vivir un amor sacrificial y una entrega total a Él para construir una patria más justa y fraterna. 

En momentos de oscuridad y conflicto, la Eucaristía es la luz que ilumina, la esperanza que no se apaga, y un llamado a la conversión y a la justicia, con la certeza de que el Reino de Dios se establecerá en la nación.  Jesús en el Santísimo Sacramento es la fuente de vida y amor para Venezuela, ofreciéndose a sí mismo para sanar, fortalecer y guiar a la nación hacia la paz y la justicia a través de la entrega de su Cuerpo y Sangre. En la obra “Cartas a un Hermano Sacerdote, se recomienda la Adoración Perpetua, porque donde hoy hay peligro se puede florecer y convertirse en un lugar seguro. 

La fe en Jesus sacramentado nos hace confiar que donde explotó una bomba o misil con fuerza destructiva, el Amor Puro de Dios por Venezuela hará irradiar sus rayos de Amor y empezar a construir una sociedad renovada por el Poder de su Amor.  Esta es la esencia real de los venezolanos, el Amor que caracteriza a un pueblo que es, solidario, hermano, respetuoso, tolerante, pacifico, noble, altruista, un pueblo llamado a dialogar para encontrar caminos hacia la reconciliación y la paz. Jesus en el Santísimo Sacramento nos está convocando como nación y decimos: “Aquí estamos Señor, junto a Nuestra Madre, María de Coromoto; para seguir el camino emprendido y testimoniar la fe de un pueblo que se abre a una nueva esperanza. Por eso Venezuela toda exclama: Que nuestra Nación vive y camina con Jesucristo, Señor de la Historia” 

Jesús Eucaristía nos invita a la oración y al diálogo por la paz como proceso fundamental para resolver conflictos, reconstruir el tejido social y fomentar la concordia mediante la comunicación, el respeto y la búsqueda de consensos, involucrando a ciudadanos e instituciones para crear agendas de paz inclusivas y sostenibles, promoviendo la escucha activa, la tolerancia y la dignidad humana como bases para superar la violencia y la polarización que implica valorar las perspectivas del otro, incluso si son diferentes, y expresarlas con libertad y dignidad, sin imposiciones, buscando soluciones que beneficien a la comunidad, no solo acuerdos temporales, fomentando una “Cultura de Encuentro” en palabras del Papa Francisco “La fe es un encuentro con Jesús, y nosotros debemos hacer lo mismo que hace Jesús: encontrar a los demás… Debemos crear con nuestra fe una ‘cultura del encuentro’, una cultura de la amistad, una cultura donde hallamos hermanos, donde podemos hablar también con quienes no piensan como nosotros, también con quienes tienen otra fe, que no tienen la misma fe. Todos tienen algo en común con nosotros: son imágenes de Dios, son hijos de Dios”. Y ese diálogo desde el respeto hará posible articular a diversos actores (niños, jóvenes, adultos, comunidades indígenas, afrovenezolanas, árabes, europeos, asiáticos, víctimas, organismos públicos, privados) para crear agendas de paz efectivas desde lo local a lo nacional, y reconstruir confianza, promover justicia y solidaridad, y para generar alternativas económicas y sociales a todos los sectores de la sociedad. 

Sólo así los venezolanos mostraremos que somos un pueblo donde se promueve y vive  una cultura de paz llena de valores cristianos, actitudes y comportamientos que promueven el respeto a la vida, la dignidad humana y los derechos fundamentales, rechazando la violencia y previniendo conflictos a través del diálogo, la cooperación y la justicia social, buscando una convivencia armónica y sostenible que va más allá de la simple ausencia de guerra, implicando una transformación social para construir sociedades más justas, equitativas e inclusivas mediante la educación, la tolerancia y la participación ciudadana. Manifestándose en la familia y escuela, aprendiendo a gestionar conflictos, cooperando y mostrando empatía. Transformando estructuras que generan desigualdad, promoviendo la inclusión y la justicia social. Impulsando el desarrollo sostenible y la comprensión intercultural de los pueblos. Un Mundo Multicéntrico y pluripolar, el mundo que todos merecemos.