COMPARTIR

Robert Alvarado

Es fácil odiar y difícil amar. Así es como el esquema general de las cosas funciona. Todas las cosas buenas son difíciles de lograr, y las cosas malas son fáciles de obtener. (Confucio)

“En política cada palabra carga su peso. Algunos radicales afirman que en política las palabras son balas, por ejemplo: el “veto” es el martillo del Poder Ejecutivo para machacar leyes, un bloqueo total o parcial que frena todo. Por otra parte, el “repudio”, es puro veneno social o político, rechaza con furia lo que apesta a injusticia, a veces, no todo el tiempo. Recordemos a Boutros-Ghali, secretario general de la ONU de 1992 a 1996. Un egipcio astuto, pero su gestión fue un desastre. ¿Por qué? Bueno porque fue notoria su inacción criminal en Ruanda, donde hubo 800.000 muertos mientras él miraba para otro lado. Srebrenica fue ignorada, peor, su rebeldía contra Washington. Rechazó bombardeos yankis en Bosnia, soñó con una ONU independiente y hasta vetó resoluciones pro-Israel. Bill Clinton, con su sonrisa de tiburón, le pagó con veto en el Consejo de Seguridad en 1996 y los republicanos lo acusaron de pretender dictar la política exterior de USA. Resultado: Ghali salió fuera en un estallido inédito, mientras Kofi Annan (Ghana) asumió en 1997. Lección: desafía al Tío Sam y te evaporan.

La anterior remembranza la hago porque el déjà vu golpea con Michelle Bachelet, la chilena de izquierda que aspira al trono onuenista. Una ex presidenta de Chile, que cultivó un romance con Hugo Chávez: “gran amigo”, lo dijo ella en 2013 post-mortem. Con el difunto eterno forjó lazos ideológicos en su primer mandato (2006-2010). No solo eso, durante ese primer mandato bailó al ritmo chavista, recuerden, con PetroSur los acuerdos petroleros jugosos fluían sin chistar ante el autoritarismo naciente y cero críticas, si las había, pues tenían que atenerse a las consecuencias. Cabe una pregunta ingenua: ¿Solidaridad roja o cálculo? Pues el propósito era posicionarse en la ola progresista latinoamericana, con Chávez como ariete contra el “imperio”, en un contexto de tensiones menores, o sea, puyas de Hugo a Chile por minería, pero la sintonía ideológica primó. Moraleja: tuvimos a Maduro, y Bachelet mutó en “mediadora” laica, sin uñas afiladas.

Pero… siempre hay un, pero. La luna de miel se agrió con Maduro. Hubo un cambio de guión en 2019, con Bachelet como Alta Comisionada de DDHH, na pelusa. Investida de esa alta distinción, visita Venezuela. Tuvo reuniones con Maduro, su “gran amigo”, con la oposición, revelándose testimonios escalofriantes de torturas, ejecuciones extrajudiciales, hambre masiva, o lo mismo, crisis humanitaria. Su informe pinchó la burbuja justiciera del chavismo. Pero Luis Almagro, de la OEA, apretó más, prácticamente les torció el brazo: exigió remitir denuncias a la CPI. Bachelet no mordió el anzuelo, ahogada en presiones. Por supuesto, Bachelet patina. Lava Jato la salpicó feo: Odebrecht confiesa haber aportado 150 mil dólares a su campaña de 2013, vía Leo Pinheiro (OAS, preso por sobornos continentales). Para rematar, Lula, su compadre del Foro de São Paulo, delató todo en su delación. Luego Lula vuelve al poder y esos escándalos “desaparecen”, les echaron tierrita encima para “unir la izquierda”. A partir de allí, siguen los gritos contra los “malvados gringos”, pero ante las capturas de pesos pesados, como el dúo presidencial venezolano de los sobrinitos, por narcos y corrupción, Bachelet calla como rata huyendo del barco. Igual que las “ratas revolucionarias” que abandonaron a Allende en 1973. Recuerden, Pinochet bombardeó La Moneda, Allende cayó y los socialistas chilenos se evaporaron sin defender su utopía.”

Con ese background o telón de fondo, Michelle Bachelet aspira al trono onuenista, pero sin aliados regionales sólidos, Chile (su patria) la repudia, el Brasil de Lula la usa y usa, y Venezuela la odia a rabiar. Por si fuera poco, los gringos la ven como a Boutros-Ghali: prescindible, un egipcio astuto evaporado por desafiar a Washington en Ruanda y Bosnia. Los venezolanos podrían vetarla con una factura monumental por su silencio cómplice ante torturas, hambre y Odebrecht. Lo único que la salvaría de los de aquí es que se terminen de ir o los vayan con otra operación relámpago de los Navy Seals. Luce algo imposible, Michelle. El barco chavista se hunde, y las ratas revolucionarias ya saltan por estos lares, como en 1973 con Allende. Lección: en política, las palabras son balas, y el repudio, veneno eterno.

Cabe un parangón: esa vicepresidenta venezolana, vetada en aeropuertos como apestado nuclear, bloqueada por opacidad narco y corrupción sistémica, presume victimismo, alude a “guerra económica”, pero el mundo la repudia igual que a Ghali o Bachelet, o sea, le han cerrado puertas, le tiene facturas pendientes y los aliados la miran con recelo. ¿Por qué? Porque el pantano izquierdista se traga a los suyos. Boutros-Ghali lo supo: la independencia es lujo para perdedores. Hoy, con Antónió Guterres tambaleante, los aspirantes caen como moscas. Bachelet, con su Curriculum Vitae manchado de petroaliados y sobornos, es carnada para veto. Latinoamérica clama por líderes limpios, no ratas recicladas. Fin del cuento.

Cualquier información o sugerencia por robertveraz@hotmail.com robertveraz@gmail.com grsndz629@gmail.com   o bien por mí teléfono 0414-071-6704 y 04141574645. Además pueden leer esta columna en mí página Web: https://robertveraz4.webnode.es/  y sigan mis comentarios y opiniones por @robertveraz en twitter e Instagram. Pueden ver mis videos en YouTube: Tips de @robertveraz. ¡Hasta la próxima semana, Dios bendiga a Venezuela!