Robert Alvarado
“El político debe ser capaz de predecir lo
que va a ocurrir mañana el mes próximo
y el año que viene, y de explicar después
porque no ha ocurrido”.
Winston Churchill
Muchas veces uno escribe cartas en forma abierta o privada a los líderes del mundo, por la crisis política de Venezuela con un éxodo que van más de siete millones de venezolanos que huyen de una dictadura, hoy con un frágil disfraz, pero no se recibe respuesta alguna, solo un silencio y una agonía sobreviene en el escritor, el remitente. Ello me lleva a traer a colación la maravillosa obra de Gabriel García Márquez: “El Coronel no tiene quien le escriba”. Un hombre de buena fe y bastante ingenuo, que vivió en su pueblo esperando 15 años para recibir su carta de jubilación, o sea, la pensión que le iba a cambiar su fortuna. Con la inconformidad con un sistema gubernamental de la época, caracterizado por no responder, tal como el régimen, se ve a un Coronel sintiendo una insatisfacción que, más tarde en la narración de la novela, se torna en resignación y pérdida de la esperanza.
Uno observa en esta obra la triste realidad de muchas personas que escriben y no le responden. En algunos casos mandan cartas al jefe de estado del país más poderoso del mundo, USA, que yacen en los archivos de ese país. Han mandado infinidades de cartas, una famosa, la de Fidel Castro, cuando tenía 12 años, al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, que es negada por la Habana, porque ellos nunca van a reconocer la veracidad. Años atrás un venezolano le envió una carta al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y le respondió en forma abierta. Se trató de Pablo Medina, quien dio a conocer esa respuesta del Presidente Obama, de fecha 5 de agosto de 2014, en la que manifestó su preocupación por la situación política que vivía Venezuela en aquel momento. Después de 12 años de esa carta, de acuerdo a su sentido y propósito, los frutos esperados se vieron en el 3E. De forma similar, le escribo una carta al presidente de Colombia, Gustavo Petro, por unos comentarios blasfemos que hizo de Jesús de Nazaret durante un acto oficial en el Hospital San Juan de Dios. Petro afirmó que Jesús mantuvo relaciones sexuales con María Magdalena y cuestionó el uso del término “Cristo”, asociándolo a una estructura de poder ajena al mensaje original del Nazareno.
Le escribo presidente Petro con todo respeto y mi convicción de creyente en Cristo Jesús. Considero inaceptables sus comentarios e insinuaciones ofensivas sobre la persona de Nuestro Señor Jesucristo. Una cosa es debatir ideas políticas o sociales y otra muy distinta es banalizar lo sagrado, especular sobre Cristo sin fundamento bíblico y usar la fe como herramienta ideológica o provocación cultural. Por eso valoro en alto grado el comunicado de la Conferencia Episcopal de Colombia: fue sobrio, respetuoso y bien sustentado, recordando que el Nombre de Dios merece reverencia y que la libertad religiosa está protegida por la Constitución colombiana. En mi opinión, ante una ofensa pública de esta magnitud, lo mínimo que corresponde es una retractación y una disculpa pública a los creyentes. Claro, no lo vas a hacer, tu arrogancia te lo impedirá.
Esto es una demostración del poco o ningún respeto que tienes, Gustavo Petro, a Dios. Algo que tal vez no tenga mucha importancia para un gran número de personas. Es lógico. Lo ilógico es que ese irrespeto entraña un desprecio a gran cantidad de personas, creyentes, gente de fe. Un buen tema de reflexión, porque más que una irresponsabilidad y una falta de respeto, es desprecio a la libertad de conciencia, haciendo más que evidente tu talante arbitrario, o sea, extremista, algo que hasta ahora te has empeñado en disimular, y la gente debe darte tu merecido en las próximas elecciones. En la perspectiva teológica y del estudio de las Sagradas Escrituras, de todas las confesiones religiosas cristianas, desde las más abiertas hasta las más cerradas, no existen evidencias, ni siquiera indicios de que Cristo haya tenido intimidad con mujeres. Hay quienes, valiéndose de supuestos textos bíblicos apócrifos, han pretendido hacer prevalecer esa noción, sin mayor éxito, como escritores de la talla de José Saramago, cuya argumentación es digna de estudio. Así están las cosas y usted, señor Petro, tal vez llevado por los efluvios etílicos tuvo la osadía de afirmar un acto indecente, inmoral, en la vida de Jesucristo.
Lo ridículo es como usted, siendo jefe de estado, recurra a esos temas, así de mal estará en el ranking político colombiana. Me permito hacerle una sugerencia, porque por la vía del ataque Cristo céntrico, generará más rechazo del que le abruma. Además de instruirse en Cristología, como se dice en teología, cierre la jeta en temas que han sido estudiados con una rigurosidad científica innegable y que evidentemente no conoce. Como suele tener palabras de elogio para el Libertador Simón Bolívar, le recuerdo que en su testamento, Bolívar confesó su temor a Dios, este fragmento es elocuente: “creo y confieso el alto y soberano misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo tres personas distintas y un solo Dios verdadero: y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte”. Su conducta me recuerda al comentario de Chávez en su programa Aló presidente, un 02 de junio de 2010, desde Industrias Diana, en el estado Carabobo, dijo: “Maldito seas, Estado de Israel. Maldito seas, terrorista y asesino (…). Maldijo «desde el fondo de su alma y de sus vísceras» al estado de Israel. Todos sabemos el triste final de Chávez. Muchos están convencidos que por hablar mal del pueblo de Dios. Por si acaso, debería tener un poquito más de cuidado con sus disquisiciones etílico cristológicas.
Le recuerdo señor presidente Petro que Jesús es santo. Santo, santo, santo… Es decir, sin pecado alguno… algo que tal vez sea difícil comprender, pero no por eso deja de ser verdad. Por su desconocimiento, falta de fe y temor temor de Dios, usted dice cosas que mañana podrían pesar no solo en su conciencia sino también en su humanidad. Ejemplos sobran de blasfemias memorables y sus consecuencias. Dios tenga misericordia de usted, Gustavo Petro, porque no sabe lo que dices…
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