COMPARTIR

ALIRIMAR PARRA

Los cambios trascendentales de una nación ocurren al fortalecer su identidad, valores y tradiciones, fundamentales para el sentido de pertenencia y cohesión social. Volver a la esencia cultural permite a los pueblos adaptarse y transformarse, integrando su historia con nuevas realidades, lo que impulsa el desarrollo social y la sostenibilidad.  La identidad cultural (creencias, costumbres, lengua) es el núcleo que fundamenta la pertenencia y evita la disolución de las sociedades, proporcionando seguridad y autoestima. El fortalecimiento de la identidad, valores y tradiciones es el pilar de cambios nacionales profundos, fomentando la cohesión social, la adaptación y la sostenibilidad al integrar la memoria histórica con el desarrollo contemporáneo. Esta «esencia cultural» actúa como núcleo de pertenencia, previniendo la disolución social y permitiendo a las comunidades evolucionar. En estos tiempos en que caminamos hacia la Reconciliación Nacional, la Identidad Cultural es fundamental y damos valor a lo nuestro cuando reconocemos a los mayores y el porqué de las tradiciones y el folclore, integramos la cultura en el sistema educativo para que las nuevas generaciones vivan y valoren su herencia. Difundamos las tradiciones para evitar su pérdida. Y lo más importante reconocemos y exaltamos la esencia espiritual de la fe nacional. 

Guanare, Capital Espiritual de Venezuela, tiene la misión de propiciar la Unidad Nacional, pues en su suelo sagrado, la Bella Señora de los Cielos tiene su hogar, sus girasoles, sus fuentes de agua, sus mariposas coromotanas, sus espacios sagrados para fortalecer la fe de todos los hijos de esta Tierra de Gracia, Llena de la siempre Virgen María. Ella, la Virgen de Coromoto se consolida en este tiempo y por la eternidad como el pilar fundamental de unidad, fe y esperanza para los venezolanos, uniendo a la nación en una profunda devoción por encima de la crisis. María de Coromoto representa alivio, fraternidad y la búsqueda de paz, siendo el faro que guía la esperanza en momentos adversos. La Virgen nos invita a la reconciliación y la fraternidad, combatiendo la división y la violencia. La Virgen de Coromoto es parte de la identidad más profunda de los venezolanos, siendo la única aparición en el mundo que se manifestó a una familia entera. Ella en su Aparición en Guanare es un símbolo eterno de unión entre culturas y de espiritualidad compartida. En Guanare, la Virgen dejó el mensaje evangélico más perfecto de la historia, inspirada en la ascensión de Jesus a los cielos; pidan el bautismo para que puedan ir al cielo. En esta Aparición en Guanare al Cacique más bravío de Los Llanos “Coromoto”, la Virgen Santísima con amor y autoridad les dice: “Pidan el Bautismo”, “Vayan a la casa de los blancos”. En este hecho mágico religioso, la misma Virgen unió a la única tribu que podía frenar la conquista europea por la furia del clan, permitiendo con su intervención divina llegar a la selva que protegía todos los conocimientos ancestrales de la familia lingüística caquetía, con más de 2.500 años de historia. El sacrificio más grande de nuestros ancestros fue librada en las inhóspitas selvas del Temerí, hoy Guanare Estado Portuguesa. Nunca fue encontrada la Laguna de Caranaca, la celebre leyenda del Diao Caquetío, el Gran Cacique Manaure uno de los objetivos para fundar a Guanare, pero si se estableció en Venezuela la Fe Católica, tal como reza el Acta de la Fundación de la Villa del Espíritu Santo del Valle de San Juan de Los Wonnabonarg o Guanaguanare, más de 400 años que hacen de este documento histórico, la Partida de Nacimiento de la venezolanidad comprendida desde la base moral que consolida las normas de la República, y que hoy a lo largo y ancho del territorio nacional pudiese inferir que un 80% de población profesa la fe que Guanare guarda en su Historia más preciada. La fundación de la ciudad más difícil de conquistar, porque aun cuando corría el año 1591, aquel día de su fundación y años posteriores ni el reconocido Capitán Portugués Juan Fernández de León pudo accesar a las tierras de los Cospes, sino que 61 años después el Cacique Coromoto dejando como distancia prudencial unos 7km, desde el Santuario de la Virgen hasta Gerrilandia actual (tierras de Soropo) salió al encuentro del español Juan Sánchez para contarle lo sucedido en las aguas con una Bella Señora del Cielo. Con la Aparición de Coromoto y el Acta de Fundación de Guanare, Capital Espiritual de la Nación la herencia europea, principalmente española, constituye un pilar fundamental de la identidad venezolana, conformada por un mestizaje tripartito (europeo, indígena y africano). Influencia manifiesta en el idioma, la religión católica, la arquitectura colonial y estructuras sociales, siendo el componente europeo predominante en la composición genética del venezolano. El español es la lengua oficial, mientras que el catolicismo arraigó profundamente como la religión mayoritaria, estructurando muchas tradiciones y fiestas populares. La identidad venezolana es una síntesis de este legado, evolucionando con aportes posteriores de inmigrantes italianos, portugueses y franceses durante el siglo XIX y XX, que enriquecieron el mosaico cultural. Estudios genéticos indican una contribución europea promedio superior al 60% en la población, destacando el mestizaje.  Aunque la identidad es una mezcla, la base europea, junto con la indígena y africana, define el carácter único de la cultura venezolana, manifestándose en la gastronomía, las tradiciones y la música. 

En este y todo tiempo exaltar los valores esenciales de la cultura religiosa, en devoción a la Virgen de Coromoto tales como la solidaridad, la esperanza y el respeto, fortalece la identidad nacional al arraigar a las nuevas generaciones en sus raíces, costumbres y tradiciones, creando cohesión social frente a la globalización. Estos valores éticos y morales actúan como un marco de referencia que define la conducta ciudadana, preservando la memoria histórica y la unidad de un país.  Los cambios verdaderos y la transformación profunda del ser humano residen en cultivar las virtudes teologales —fe, esperanza y caridad—, consideradas dones divinos que conectan al hombre con Dios y lo impulsan a mejorar su entorno. son dones divinos infundidos por Dios que transforman profundamente al ser humano, conectándolo con lo divino y capacitándolo para obrar como hijo de Dios. Al cultivarlas, se logra una renovación interna que impulsa a mejorar el entorno mediante el amor al prójimo y la paz. Estas virtudes actúan como motor de cambio al elevar el alma, orientar el propósito de vida y nutrir las obras. María de Coromoto nos lleva a jesus, y para los venezolanos Jesus simboliza el bien, esencia pura del Amor Divino. Bautizándonos vamos al cielo.