Robert Alvarado
«No puede esperarse que los hombres sean trasladados del despotismo a la libertad en un lecho de plumas”. Thomas Jefferson
Muchos que están leyendo, dirán que estoy desequilibrado o, peor, delirante, al hacer una carta abierta al presidente de EEUU, Donald Trump. Creo que este es el momento apropiado, o sea, justo, para hacerle llegar una carta abierta al catire. Obvio, el presidente Trump, como todo dignatario, es un señor muy ocupado y a veces no tendrá el tiempo necesario para leer cartas abiertas o privadas, por ser el gobernante más importante del mundo. Es una carta abierta, para que no tenga que perder tiempo en abrir el sobre. Lo hago como lo hizo Pablo Medina, al dirigirse a Barack Obama, y éste le respondió desde Washington, un 5 de agosto de 2014. diciéndole: “Mi gobierno sigue profundamente preocupado por los acontecimientos que están sucediendo en Venezuela, y aprecio mucho escucharlo de usted…” Los frutos, puede decirse, se vieron el 03E, en una versión optimizada de aquella película venezolana: “Amaneció de golpe”, filmada a finales de los años 90, dirigida por Carlos Azpúrua y escrita por José Ignacio Cabrujas. De repente, en un bunker se acabó la bravuconada de quien decía “vengan por mí” y los sustitutos, sus camaradas, mejor dicho, hasta ese momento, sus adláteres, para no decir jala…, se alinearon con la administración Trump sin chistar, sin que nadie en el orbe se haya pronunciado seriamente en contra de esa operación, que en verdad fue una determinación como pocas.
Por eso le escribo al presidente Trump, ya que todo esto tiene un principio desde hace años. Desde hace más de dos décadas, Venezuela ha sido un foco de crisis política, económica y social. De hecho, por eso, particularmente el régimen de Maduro enfrentó numerosas críticas y presiones tanto internas como externas, especialmente de Estados Unidos y algunos países en América Latina, encabezados por Argentina. Recuerden, la administración de Donald Trump (2017-2021) adoptó un enfoque agresivo hacia el gobierno de Maduro, imponiendo sanciones económicas severas y reconociendo a Guaidó, líder opositor, como presidente interino en 2019 y no se logra el objetivo de sacar al régimen, porque a Trump le arrebatan la presidencia y Biden paraliza toda actividad que Trump había planteado y se tuvo que esperar su retorno a la Casa Blanca, para presenciar acciones militares atacar al narcotráfico e iniciar la restauración de la democracia en Venezuela, con una transición que pocos creían posible.
Señor presidente Trump, después de este preámbulo, siendo un hecho la apertura de la Embajada de EE. UU. en Venezuela, al frente de la cual se nombró a Laura Dogu, como Encargada de Negocios a.i., con el fin de alinear acciones con los hermanitos Rodríguez, para acabar con la crisis venezolana o mejorar las condiciones de vida en Venezuela, tras llegar al culmen del deterioro. Optimista como soy, creo ello posible, en el marco de la transición que de manera abrupta se puso en marcha y que, obviamente, requerirá de mucha destreza, algo que parece sobrarle a la señora Laura, no tanto por la situación calamitosa que vivimos, sino por los propósitos, no tan oscuros, que guían a los hermanitos y sus hoy compañeros, que no aliados del todo, en una gesta que pretenden presentar como la panacea, siendo que no es más que una continuidad solapada de los males que nos han aquejado. Eso usted lo sabe de sobra, tanto que lo obliga a seguir elevando el costo con exigencias de libertad y justicia de tanta gente presa por motivos políticos, por obra de la instrumentalización de la justicia.
Desde ese punto de vista, si no están ojo e garza, los conflictos, que siempre van estar, pudiesen hacerse más complejos. Señor presidente Trump, le recuerdo, después de lo del 03E usted tuvo una posición distinta a lo que todos esperábamos, su apoyo decidido la mujer que sin dudas es la líder de la oposición por estos lares, María Corina. Pero no fue así, y no es que prefiera a Delcy, lo considero muy inteligente, mejor dicho, sus intereses particulares y los de su nación no creo le hagan ser tan desatinado como para sentir predilección por esta señora, quien no ha tenido empacho en mostrar lo dúctil que es, en función de sus intereses, no los del país, que siempre a los ha hecho a un lado. Jocosamente, los venezolanos han dado en decir que usted ahora se la pasa cantando un joropo llanero de Teo Galindez, “Dos mujeres en mi vida”, para significar su aparente ambigüedad en torno del liderazgo que ostenta la Nobel de la Paz. Digo ambigüedad, porque pareciera que sí, pero también actúa como si no le convenciera apoyarla del todo. Entendemos que las transiciones no son fáciles, pero desechando liderazgos legítimos se tornan más difíciles, señor Presidente.
Confiamos en su buen tino, para que este proceso concluya de forma exitosa. La visita del Secretario de Energía, hace presagiar acciones de mayor envergadura a las que hemos visto hasta el momento, que necesariamente implicaría una apertura a un sistema de garantías, como las anunciadas, no solo en el orden económico sino también en el orden social, que particularmente es lo que nos preocupa. Si la transición se torna lenta, pesada, será porque los intereses, esos que prevalecen para los Estados o Naciones, coparán la escena a la que asistimos de momento como espectadores. Situación que desde ya está generando resistencia en sectores que se harían escuchar, tomando la calle o haciendo viral las contradicciones en un proceso que no admite otro resultado que no sea la democracia y con esta, justicia, libertad y tranquilidad en un país donde los sobresaltos están a la orden del día.
Finalizo, señor presidente Trump, si las expectativas de un cambio real no se cumplen rápidamente, la población podría caer en la desesperanza y la desconfianza hacia los nuevos líderes que ya empiezan a aparecer, envalentonados, y el sistema en su conjunto, lo que podría prolongar la inestabilidad social, le recomiendo que haga los cambios correspondientes con presteza, como lo ilustró el historiador Tony Judt en su libro “Postguerra: Una historia de Europa desde 1945”. Narra cómo un continente devastado por la Segunda Guerra Mundial logró una asombrosa reconstrucción física, política y social. Eso hay que hacerlo aquí señor Presidente Donald Trump
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