Irán vive uno de los momentos más decisivos de su historia moderna, tras la muerte de Ali Jamenei el hombre que lo gobernó durante casi 37 años.
El mundo está en alerta porque ahora el poder de la República Islámica está en juego.
Pero primero hay que entender que Irán no es una democracia común, es una república islámica teocrática lo que significa que la religión chiita islámica es el núcleo del poder político.
Los líderes religiosos no solo gobiernan, interpretan, controlan las leyes y decisiones más importantes del Estado.
El poder real está siempre en la figura del líder supremo.
Tras la muerte de Jameiní, la Asamblea de Expertos, un grupo de 88 clérigos es la designada por La Constitución para elegir al nuevo líder.
