Una vez más, las hojas del calendario han llegado al 19 de marzo y, como cada año, ocurre el mismo silencio sepulcral. Sí, querido lector, hoy es el DÍA INTERNACIONAL DEL HOMBRE. No, no es un rumor, ni una fake news creada por las casas de apuestas deportivas. Es real. Pero, a juzgar por el ambiente, bien podría ser el Día Internacional del Aficionado a la Pintura de Paredes Húmedas.
Y es que uno no puede evitar sentirse como un héroe olvidado. Miremos la realidad: en el Día de la Mujer, las florerías tienen colapsos de stock, los restaurantes ofrecen menús especiales desde semanas antes, y hasta el más pintado sabe que debe reservar mesa. En cambio, hoy… hoy nos levantamos, nos miramos al espejo y nos preguntamos: «Y a nosotros, ¿quién nos hace un regalo?». La respuesta, como el maletero de un Twingo, es pequeñita y desoladora: nosotros mismos.
En el Día del Hombre, nuestros méritos se resumen en un acto heroico y silencioso: lograr no perder las llaves, la cartera y el móvil en el mismo día. ¡Y ni siquiera por eso nos dan un vale para un masaje!
Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional, a las Naciones Unidas de la nevera y al Consejo de Seguridad del sofá: ¡Basta ya de este olvido histórico! Exigimos, con la misma seriedad con la que debatimos si es mejor la salsa barbacoa o la brava, un trato justo.
Queremos nuestro día. Un día en el que, al llegar a casa, no haya una lista de tareas pendientes, sino una corbata nueva (aunque no nos la pongamos nunca). Un día en el que, al preguntar «¿qué hay para comer?», la respuesta no sea «lo que tú prepares», sino un rotundo y épico «hoy te invito yo». Un día en el que, por un momento, se reconozca nuestra lucha diaria contra el eterno dilema de doblar la ropa (que, seamos sinceros, es un misterio que nunca resolveremos).
No pedimos la luna. No pedimos un viaje a las Maldivas. Con una caja de herramientas que no necesitamos, un pack de cervezas bien frías, o simplemente que nos dejen ver la película que queramos sin hacer zapping, nos conformamos.
Así que, hoy 19 de marzo, miren a ese hombre a su lado. Puede ser su padre, su hermano, su amigo, su compañero de trabajo o ese señor que va con el carrito del súper. Denle una palmada en la espalda (con cuidado, no demasiado afecto, que nos abrumamos) y díganle: «Feliz Día del Hombre, crack». Y si de paso le invitan a un bocata de calamares, mejor que mejor.
¡Felicidades a todos los que luchan cada día por ser esforzados proveedores, maestros de el mando a distancia y héroes por encontrar la luz del flexo que lleva 5 años fundida. Nos lo merecemos!.
FELIZ DIA DEL HOMBRE.
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