Cuatro días después de la caída de Nicolás Maduro, el gobierno de los Estados Unidos, anunció que la Casa Blanca enfocaría sus esfuerzos en el sector petrolero venezolano. “Hemos contratado a los principales comercializadores de materias primas y bancos clave del mundo para ejecutar y brindar apoyo financiero para estas ventas de petróleo crudo y productos derivados”, expresaba Donald Trump.
En su discurso, más allá del tema petrolero, el mandatario estadounidense se refirió al mal estado de la red eléctrica venezolana. “Se encuentra deteriorada y frágil tras años de mala gestión socialista, corrupción y mantenimiento deficiente”, expresaba el flamante responsable de la captura y extracción del líder socialista y su esposa Cilia Flores.
Trump asumió entre las acciones prioritarias de su gobierno en Venezuela fortalecer el sistema eléctrico. “Trabajaremos para mejorar la red eléctrica, esencial para aumentar la producción petrolera, las oportunidades económicas y la calidad de vida diaria del pueblo venezolano”. Casi dos meses después, la realidad es antagónica. Los apagones se acentúan de, entre cuatro y hasta ocho veces por día, con interrupciones que superan las ocho horas en la mayoría de los estados del país.
Nancy Castellanos, residente en Miranda, escribe en X: “Vamos de mal en peor en Venezuela. Bajones y apagones eléctricos constantes. Sin internet. Ahora mismo es el tercer apagón hoy en el estado. Estamos sin servicio de agua desde hace semanas y sin Internet por cable. ABA de Cantv no hay”.
