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Por: Mgter. Antonio José Peña Pérez

La figura de Simón Bolívar suele ser confinada al mármol de la épica militar, omitiendo su faceta como un hombre que practicó la soberanía corporal. Bolívar no buscaba solo la emancipación política de los pueblos; ejercía una forma de resistencia biológica basada en la reconexión con el orden natural. Esta visión, influenciada por la Ilustración, posiciona al Libertador como un precursor del higienismo naturalista y la medicina funcional en el continente americano.

El Influjo de Rousseau, el «Emilio» como Praxis de Vida
La educación de Bolívar, bajo la dirección de Simón Rodríguez, fue una ejecución viva del Emilio (1762) de Jean-Jacques Rousseau. Rodríguez no enseñó a Bolívar en aulas cerradas, sino en la interacción directa con el ecosistema, bajo la premisa de que la salud es el estado primigenio del ser en sintonía con su entorno.

Esta formación creó en Bolívar una desconfianza sistemática hacia lo artificial. En sus instrucciones sobre la educación de su sobrino, Fernando Bolívar, el Libertador enfatiza que el desarrollo físico no es un complemento, sino el cimiento del intelecto:

«La salud del cuerpo es la que conserva la del alma… El ejercicio físico fortalece el espíritu, y el contacto con la naturaleza es el mejor maestro de la moral» (Bolívar, 1822).

Para el Libertador, la Ecología del Desarrollo Humano empezaba por el vigor físico, pues un cuerpo dependiente de comodidades artificiales jamás podría sostener una voluntad libre.

La Resistencia a la «Farmacia de Botica»
En la época de Bolívar, la medicina oficial recurría a métodos invasivos y sustancias tóxicas que el Libertador rechazaba por instinto y convicción. Su desprecio por la farmacopea química de su tiempo queda plasmado en su correspondencia. Tras caer enfermo en Pativilca (1824), escribió con contundencia a Francisco de Paula Santander:

«Los médicos aquí quieren matarme con sus drogas… Yo prefiero el aire de la sierra y el agua pura a todos sus venenos de botica» (Bolívar, Epistolario, 1824).

Esta preferencia no era un capricho, sino la búsqueda de la homeostasis. Bolívar entendía que el organismo posee una capacidad autocurativa que la «medicina artificial» solía entorpecer. Su estilo de vida —marcado por la frugalidad alimentaria, el ayuno ocasional y la exposición constante a los elementos— constituía un protocolo de salud soberana in situ.

Descolonización del Saber y Salud Soberana
Reivindicar a Bolívar bajo esta luz es un acto de descolonización. Como sugiere la historiadora Inés Quintero (2005), la vida de Bolívar fue una lucha constante contra la fragilidad mediante el rigor natural. Para él, la independencia de la República era incompleta si el ciudadano dependía de remedios extranjeros y no de la comprensión de las leyes biológicas y de su propio suelo.

Esta vinculación demuestra que las raíces del naturismo en nuestra región son profundamente académicas y patrióticas. Bolívar nos lega una Soberanía Sanitaria: la capacidad del hombre de sanar y mantenerse fuerte a través del equilibrio con el entorno que habita, convirtiendo la medicina natural en una herramienta de liberación nacional.

Referencias Bibliográficas

Bolívar, S. (1822). Carta a Fernando Bolívar sobre su educación. Archivo del Libertador, Caracas.

Bolívar, S. (1824). Correspondencia con Francisco de Paula Santander (Enero de 1824). Epistolario del Libertador.

Lecuna, V. (1950). Crónica razonada de las Guerras de Bolívar. Nueva York: The Colonial Press.

Quintero, I. (2005). El último viaje del Libertador. Caracas: Fundación Bigott.

Rousseau, J. J. (1762/2011). Emilio, o De la educación. Madrid: Alianza Editorial.