Más allá de bombas, bloqueos, sanciones y secuestros, lo que está en juego no es únicamente el destino de un presidente, sino la dignidad de un pueblo y el equilibrio de la geopolítica mundial. La libertad inmediata de cualquier líder retenido contra su voluntad no es un asunto interno: es un principio universal que marca la línea de respeto hacia la soberanía de las naciones.
La historia nos recuerda que cuando se vulnera la soberanía de un país, se abre la puerta a la inestabilidad regional y global. Venezuela, hoy, se convierte en espejo de esa fragilidad: un pueblo que clama por respeto, un Estado que exige reconocimiento, y una comunidad internacional que debe decidir si se inclina hacia la ética o hacia la indiferencia.
La geopolítica no puede seguir siendo un tablero donde las piezas se mueven según intereses ajenos a la voluntad de los pueblos. La verdadera paz se construye sobre el respeto mutuo, sobre la libertad de decidir, y sobre la conciencia de que ningún poder externo puede sustituir la voz de una nación.
Este editorial no es solo un llamado: es una advertencia. La soberanía no se negocia, se defiende. Y la libertad de los pueblos no se concede, se reconoce.
PEDIMOS LA LIBERTAD DEL PRESIDENTE MADURO Y SU ESPOSA DE INMEDIATO , POR EL BIEN DE LA GEOPOLITICA MUNDIAL, Y LA PAZ DE LA REGIÓN.
