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Jueves 29 enero 2026

La reforma de la Ley de Hidrocarburos avanza bajo la sombra de Washington, mientras el chavismo enfrenta su prueba más dura tras el secuestro de Maduro.

En la fría madrugada del 3 de enero, una operación militar estadounidense no declarada quebrantó la soberanía venezolana y secuestró al presidente constitucional, Nicolás Maduro. El hecho, calificado por el gobierno bolivariano como un secuestro de jefe de Estado en funciones, desató una crisis constitucional. Hoy, menos de un mes después, una reforma parcial a la Ley de Hidrocarburos —el corazón económico de la nación— se debate y aprueba en primera discusión en la Asamblea Nacional.

La pregunta que quema en la conciencia revolucionaria es una:

¿Esta iniciativa surge de la necesidad nacional o es la imposición de un manual escrito en Washington, cuyos primeros borradores los leyó en voz alta el propio secretario de Estado Marco Rubio?

El análisis desde una perspectiva de izquierda revolucionaria y profundamente chavista no puede sino llegar a una conclusión alarmante: estamos ante un cambio de leyes forzado por la amenaza y el chantaje imperial, un plan cuidadosamente orquestado para desmontar la arquitectura soberana de la Revolución Bolivariana y entregar el control estratégico de los recursos a los intereses estadounidenses y sus corporaciones.

El Guión de Washington: Lo que Rubio Confesó

La máscara se cayó por completo en una audiencia del Senado de Estados Unidos. Marco Rubio, secretario de Estado de la administración Trump, detalló con cinismo el nuevo mecanismo de dominación:

· Control Absoluto de las Finanzas: Los ingresos de las ventas de petróleo venezolano se depositarán en una cuenta supervisada por Estados Unidos, específicamente por el Departamento del Tesoro. Rubio fue claro: «Solo controlamos la dispersión del dinero».
· Condiciones y Auditorías Extranjeras: El gobierno interino venezolano deberá presentar un presupuesto mensual, y Washington dará instrucciones sobre cómo puede y no puede gastarse el dinero, realizando auditorías para asegurar su cumplimiento.
· El Objetivo Estratégico Desenmascarado: Rubio celebró que la reforma en discusión estaría «erradicando algunas restricciones de Chávez» en el sector energético. Su meta, dijo, es lograr «una Venezuela amigable, estable, próspera y democrática» —un eufemismo para un país realineado geopolíticamente y abierto sin reservas al capital extranjero.

Esta es la cruda realidad. No es una «transición» sino una administración colonial temporal. Como señaló el analista Geo Maher, esto «no tiene absolutamente nada que ver ni con el narcotráfico ni con la democracia», es pura misdirección para encubrir el objetivo real: el control de los recursos.

La Reforma: ¿Modernización o Capitulación?

El proyecto de ley, presentado como una necesidad para «modernizar el marco legal» y adaptarse a la «transición energética acelerada», busca integrar al sector privado nacional e internacional en el desarrollo de la industria. Sus defensores argumentan que es vital para atraer inversión en un momento crítico, donde las primeras empresas mixtas vencerán sus términos.

Perspectiva Revolucionaria del Cambio Propuesto:

· Antes (Espíritu de la Ley de Chávez): Soberanía nacional absoluta sobre los hidrocarburos. El Estado como rector principal. Las ganancias destinadas, en teoría, a la inversión social y el desarrollo endógeno.
· Ahora (Bajo Presión Imperial): «Mecanismos para garantizar viabilidad para socios privados» y «aumentar las garantías legales para los socios». Fomento del «desarrollo conjunto» con capital extranjero.

La pregunta revolucionaria es obligatoria: ¿Se está reformando la ley para salvar a la industria petrolera nacional y, por ende, al proyecto bolivariano, o se está reformando para cumplir con las exigencias del poder extranjero que tiene secuestrado al Presidente y controla las finanzas? El diputado Orlando Camacho declaró que la norma «se integra formalmente al modelo exitoso de la Ley Antibloqueo». Este es quizás el argumento clave dentro del chavismo: es un movimiento táctico de supervivencia en una guerra asimétrica, no una rendición ideológica.

Chavismo en Crisis: Los Rodríguez y la Disputa Interna

El gobierno interino de Delcy Rodríguez, designado por el Tribunal Supremo de Justicia para garantizar la continuidad del Estado, actúa en una cuerda floja. Por un lado, Rodríguez ha defendido el diálogo con Washington para resolver «divergencias», pero también ha dicho «basta» a las órdenes de EE.UU.. Su estrategia ha sido de un pragmatismo extremo, realizando profundos cambios en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y el gabinete para consolidar un círculo de poder leal y prevenir filtraciones o malestar interno.

Principales Movimientos de Delcy Rodríguez Tras el 3 de Enero:

· Cambios en la Fuerza Armada: Más de 28 cambios militares significativos, incluyendo la salida de jefes de regiones estratégicas de defensa y de las principales bases aéreas.
· Control del Gabinete: Ajustes en ministerios clave (Economía, Comunicación, Obras Públicas) con funcionarios de confianza.
· Discurso Público: Insiste en la soberanía («No tenemos otro factor externo a quien obedecer»), mientras coordina con Washington el mecanismo petrolero.

Este pragmatismo genera tensiones. Sectores históricos del chavismo, cuyo poder se ha debilitado, observan con recelo. Diosdado Cabello, por ejemplo, ha llamado a la cohesión, pero se especula que capitaliza el descontento silencioso de militares frustrados por la inacción ante el ataque del 3 de enero. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ve su autoridad erosionada tras el fracaso en proteger al Comandante en Jefe.

La disyuntiva para el chavismo gobernante es existencial: ¿Cómo negociar con el imperio sin ser devorados por él? ¿Es esta reforma un ajuste táctico necesario o el primer paso hacia la desnaturalización de la revolución? La ausencia física de Maduro, un líder que pese a todo mantenía una legitimidad de origen dentro del proyecto, crea un vacío que acelera estas contradicciones.

Los Beneficiarios: Un Pacto con el Diablo

Al final, como bien señalamos en la reflexión inicial , todo se reduce a una pregunta: ¿Quiénes serán los mayores beneficiarios?

  1. El Capital Transnacional Petrolero: Empresas estadounidenses y globales que, por primera vez en décadas, ven la puerta abierta para acceder a las mayores reservas de crudo del mundo con «garantías legales» mejoradas y, probablemente, términos mucho más favorables.
  2. La Administración Trump y sus Aliados: Cumplen un objetivo estratégico de cambio de régimen sin una ocupación militar masiva. Controlan el flujo de dinero, debilitan a actores rivales como Rusia y China en la región, y pueden presentar ante su electorado una «victoria» en política exterior.
  3. Sectores de la Burguesía Nacional y la Burocracia: Aquellos grupos económicos y políticos internos dispuestos a aliarse con el capital foráneo para preservar sus cuotas de poder y riqueza en el nuevo escenario.
  4. ¿El Pueblo Venezolano?: En el discurso, los fondos son para «medicinas, equipamiento y salarios». En la práctica, es caridad condicionada y vigilada. La soberanía, que es la capacidad de un pueblo para decidir autónomamente su destino y usar sus recursos para su propio desarrollo, queda anulada.

Conclusión: La Resistencia es el Camino

La reforma de la Ley de Hidrocarburos en las actuales condiciones no es un acto de soberanía. Es la legalización de una relación de vasallaje impuesta por la fuerza bruta. Es la materialización de la amenaza que siempre denunció Hugo Chávez. El chavismo verdadero, el de las bases, de las comunas, de los movimientos populares que construyeron este proceso desde abajo, se encuentra en la encrucijada más peligrosa de su historia.

El fin del gobierno impulsado por Chávez y Maduro no será decidido en esta reforma legal. Será decidido en la capacidad de las fuerzas revolucionarias para reorganizarse desde las bases, defender el territorio comunal, y navegar la tormenta sin perder el rumbo estratégico: la construcción de una sociedad socialista, soberana y antiimperialista. La batalla por el petróleo es, en esencia, la batalla por el alma y el futuro de la Revolución Bolivariana. Y en esta batalla, ceder la soberanía es perderlo todo. Los ojos del pueblo, deben estar más abiertos que nunca.

Análisis de: J.C.M.