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Tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores la madrugada del 3 de enero durante la operación militar encabezada por Estados Unidos, Venezuela ingresó en una etapa inédita de «transición tutelada». El arresto del líder socialista, trasladado a Nueva York y acusado de narcoterrorismo, provocó un quiebre abrupto del poder, que fue ocupado de inmediato por Delcy Rodríguez como presidenta interina, en medio de una fuerte presión internacional y con EE. UU. ejerciendo supervisión directa sobre las decisiones políticas, militares y económicas del país.

En las semanas siguientes, el nuevo gobierno anunció medidas exigidas por Estados Unidos y sus aliados: la liberación gradual de presos políticos bajo condiciones restrictivas, la presentación de una ley de amnistía limitada y el cierre de centros de detención emblemáticos.

Asimismo, se avanzó en una apertura petrolera sin precedentes, que permitió el ingreso directo de empresas privadas a los yacimientos y colocó la gestión de los ingresos bajo control estadounidense.

Para el economista y profesor universitario, Manuel Sutherland, después de la captura de Maduro, el gobierno encabezado por Trump ha colocado “la carreta delante de los caballos”.

El economista destaca que el orden correcto de los cambios que puedan presentarse en el país deberían ser de carácter institucional, democrático y jurídico, y solo en estrecha coordinación con ellos el orden económico.

Los cambios económicos pueden ser urgentes, pero no pueden desligarse de transformaciones profundas del Estado y del marco legal que les den legitimidad y sostenibilidad», asegura.

Sutherland detalla que después del 3 de enero lo que se observa es una apuesta fuerte por cambios rápidos y superficiales, orientados a inyectar dinero en la economía lo antes posible, dejando las reformas estructurales para más adelante, lo que, a su juicio, implica riesgos significativos.

Venezuela necesita transformaciones profundas y aceleradas, pero bien jerarquizadas, y no solo medidas económicas de corto plazo. Un ejemplo claro de esto es la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, que debió haberse discutido ampliamente con la sociedad civil, la academia, las facultades de Derecho, las escuelas de petróleo y economía, y expertos con larga trayectoria en la materia», menciona.Pese a ello, el especialista reconoce que existen expectativas económicas muy optimistas y explica que muchos sectores están entusiasmados con las aperturas, flexibilizaciones y liberalizaciones en los ámbitos económico y político.

En el mejor de los escenarios, Venezuela podría aspirar a una recuperación de dos dígitos e incluso sentar las bases de un “milagro económico”. Sin embargo, falta muchísimo por hacer, y por ahora, el país apenas está dando sus primeros pasos», advierte.

Resultados a largo plazo

Por su parte, el economista Aldo Contreras afirma que, aunque los anuncios en materia económica han sido relevantes en las últimas semanas, los efectos reales sobre la economía se verán principalmente en el mediano y largo plazo. Según explicó, harían falta al menos 12 meses para observar cambios sustanciales y alrededor de dieciocho meses para que estos sean sostenibles en el tiempo.

Contreras destacó como una de las medidas principales la reforma de la Ley de Hidrocarburos, a la que calificó como un quiebre histórico. Señaló que esta normativa permite la participación plena del sector privado y del capital extranjero sin esquemas de empresas mixtas ni procesos de nacionalización, lo que representa un nivel de apertura sin precedentes en la industria petrolera.

En el ámbito financiero, el economista señaló avances en el mercado cambiario mediante las mesas de cambio, donde ya se han movilizado cerca de 300 millones de dólares, con expectativas de nuevos ingresos, y destacó que de mantenerse esta dinámica, se considera posible una reducción progresiva de la brecha cambiaria.

Mencionó además, la discusión de nuevas leyes orientadas a mejorar la productividad, aunque advirtió sobre los riesgos asociados a la ley de precios acordados aprobada en primera discusión, la cual incluye mecanismos de supervisión que podrían afectar negativamente la actividad económica y comercial.

Señaló que existen anuncios sobre el posible regreso de empresas petroleras internacionales como ExxonMobil, Halliburton, ConocoPhillips, Chevron, Texaco y Shell, lo que podría traducirse en mayor producción y generación de empleo. No obstante, subrayó que para que estas inversiones se materialicen será clave garantizar seguridad jurídica y estabilidad institucional.

Las reuniones con organismos multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y el Fondo Latinoamericano de Reservas, junto con la recuperación de los bonos en los mercados internacionales, envían señales positivas desde la perspectiva de las expectativas económicas. En el segundo trimestre de 2026 podría observarse un cambio más claro en el dinamismo económico, impulsado por el aumento de las exportaciones y la apertura de nuevos mercados internacionales», comenta.

Madurez política

El politólogo Julio Urribarri resalta que el actual momento político que atraviesa Venezuela representa un punto de inflexión decisivo, cuyo desenlace dependerá fundamentalmente de la actuación tanto del gobierno como de la oposición.

A su juicio, el país se debate entre el pesimismo y la esperanza, y el rumbo final estará determinado por la capacidad de los actores políticos para gestionar de manera responsable los acontecimientos acelerados que se están produciendo.

Sin estabilidad en el sistema político venezolano no será posible avanzar hacia una etapa de pretransición, mucho menos hacia una transición democrática, ni llegar a un proceso de refundación del país», asegura.

El doctor en Ciencias Políticas explicó que Venezuela necesita, en el largo plazo, una reconstrucción profunda basada en la ingeniería constitucional, institucional y electoral, herramientas propias que deben orientar las decisiones futuras. Sin embargo, advirtió que este proceso no puede entenderse como una simple sustitución de actores en el poder, sino como un camino complejo que exige acuerdos, madurez política y visión de Estado.

Esto no es simplemente un quítate tú para ponerme yo y eso tienen que entenderlo, tanto la gente del gobierno como de la oposición. Esto es un proceso de que le ha costado mucho tiempo a otros países. Tenemos el caso de Sudáfrica, Chile y España que son espejos en los cuales nosotros podemos reflejarnos», agrega.

Urribarri afirma que la sociedad venezolana espera de sus dirigentes políticos una actitud orientada a la conciliación y a la construcción de un país distinto. Aseguró que solo mediante acuerdos y estabilidad será posible avanzar hacia una Venezuela refundada, con instituciones sólidas y un sistema político capaz de garantizar un futuro diferente para las próximas generaciones.