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(GUANARE / Redacción) — El sector arrocero venezolano ha entrado en un nuevo ciclo de alerta crítica debido al ingreso masivo de arroz importado en plena temporada de cosecha nacional. Agricultores de los estados Portuguesa y Guárico denunciaron que los centros de acopio e industrias procesadoras están restringiendo la recepción de la materia prima local, argumentando saturación de inventarios por cargamentos provenientes de Brasil.

La llegada de buques con miles de toneladas métricas al país coincide con el momento de mayor rendimiento de los suelos llaneros, lo que a juicio de los gremios agrícolas constituye una amenaza directa que destruye el precio base del productor venezolano y satura el mercado por meses.

La brecha de costos: Una competencia inviable

El núcleo de la crisis radica en la disparidad de las estructuras de costos entre el mercado interno y el internacional. Representantes del sector detallan que las condiciones del aparato agrícola nacional imponen severas limitantes financieras:

  • Costo de producción local: Producir una tonelada métrica de arroz en Venezuela supera los 600 dólares, debido al alto costo de los insumos, combustible y servicios.
  • Costo del producto importado: El grano extranjero ingresa a territorio nacional a menos de la mitad de ese valor, apalancado por economías de escala y subsidios en sus países de origen (como el reciente cargamento registrado de 10.000 toneladas métricas de arroz paddy desde Brasil).

«Nos necesitaron cuando no había comida y ahora otra vez favorecen las importaciones… Eso destruye el precio del productor venezolano. Con esa diferencia nadie puede competir», afirmó el agroproductor Miguel Arvelaiz en declaraciones ofrecidas a Infobae.

Retorno de la «economía de puertos» y distorsión de precios

Dirigentes del gremio advierten que este escenario revive el modelo de la «economía de puertos», donde históricamente resultó más rentable para ciertos sectores comerciales importar alimentos terminados que producirlos en el campo venezolano. Asimismo, denuncian la concentración de licencias de importación en un oligopolio de «dos o tres empresas» con acceso preferencial a permisos arancelarios.

Ante la sobreoferta artificial, los productores locales reportan que la agroindustria ha comenzado a presionar los precios a la baja, intentando pagar por debajo de los montos acordados previamente con el sector primario. Con el ciclo de lluvias ya avanzado, el riesgo de pérdida de los cultivos en el campo aumenta de forma crítica si las receptorías no agilizan la compra obligatoria del rubro nacional.